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sábado, 8 de octubre de 2011

SACERDOTE … ¿AL SERVICIO DE QUIÉN?

Jesús Roberto Torriani Vargas

Por razones de trabajo, debo ir algunos sábados a La Punta. Un día descubrí que en la Parroquia, creo que se llama Sagrado Corazón de Jesús, la que está frente al parque, se reunía un grupo de personas a rezar el Santo Rosario, cosa que yo hago todos los días. Me acerqué, participé de la oración y me incorporé a un Grupo Mariano.

Cada vez que voy a La Punta, procuro ir temprano para participar de la oración. El rezo del Rosario se realiza en una nave lateral del templo, en la que se encuentra el Sagrario; cuando llego, el sagrario está abierto y un copón ha sido colocado a la altura de la puerta; luego del Rosario y de la Consagración a la Virgen, un religioso entra, realiza una oración, luego coloca el copón en el interior del Sagrario, lo cierra y se va por donde vino; luego, después de unos tres minutos de que las campanas de la Iglesia anuncien las 8 de la mañana, se inicia la Misa.


Todo iba normal el sábado 3 de Septiembre, hasta que, mientras se leía la reflexión final del Tercer Misterio, un sacerdote ingresó, se arrodilló e inició la oración: - Bendito sea Dios … Me sorprendió que no haya respetado que el Rosario aún no había terminado: al finalizar su oración, guardó el copón y se retiró. La señora que dirige al grupo indicó que sólo se iba a leer las reflexiones del cuarto y quinto Misterios, quedando el rezo de los Padre Nuestros y Ave Marías para que cada uno las haga posteriormente, a fin de poder leer la Consagración a la Virgen; mientras se leía este documento, se iniciaron las 8 campanadas de la hora; apenas sonó la última campanada y, cuando faltaba un párrafo de tres líneas de la Consagración, el mismo sacerdote ingresó por el otro lado del altar mayor, tocó la campana e inició la Misa.

La verdad, me sentí agredido por quien debe respetar la Fe de la comunidad a la que debe servir; este sacerdote debe recordar siempre que fue ordenado por la Iglesia Católica para que administre los Santos Sacramentos y sirva de ejemplo de amor Cristiano. La tolerancia es un elemento importante de ese amor.

¿Qué le costó esperar que termine el rezo del Rosario o la lectura de la Consagración a la Virgen? Que la Misa se inicie cinco o diez minutos después, no iba a significar una tragedia o un cambio radical en el horario del día. Es evidente, además, que la mayoría de los asistentes a esta celebración, son, precisamente, los miembros de la Comunidad Mariana.

Me retiré del templo y me detuve, en el atrio, frente a una imagen de la Virgen María, a rezar los dos misterios que faltaron. Mientras lo hacia, escuché que, en contados segundos, ya se estaban realizando las Lecturas; es decir, se trataba de una Misa tipo Fórmula 1, a toda velocidad.

Si el sacerdote tenía algún compromiso previo, otro debió encargarse de celebrar la Misa. Esta persona sólo merece lástima, pues su conducta me hace pensar que equivocó su vocación y que está allí por obligación. Que el Señor le bendiga e ilumine.

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