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viernes, 6 de junio de 2014

SOBRE EDUCACIÓN Y LEALTAD EN LAS FUERZAS ARMADAS



En los centros de salud de las Fuerzas Armadas, usualmente hay dos Directores: un Director General, que es un oficial de Comando y un Director Médico, que es un médico asimilado …y esto porque se considera que los oficiales no tienen la preparación de un médico para tratar los temas de salud; sin embargo, en los Centros Académicos no ocurre lo mismo; en ellos, un oficial de Comando es el Director y otro el encargado de la Formación Académica de los Cadetes o alumnos; en el caso de la Medicina se reconoce la ignorancia, pero en el de la Educación todos se consideran con conocimientos y autoridad, no sólo para opinar, sino para tomar decisiones que van a afectar el futuro de los educandos y dar órdenes “técnicas” a los profesionales de la Educación.
En algunos casos, se cuenta con profesores asimilados, muchos de ellos más preocupados por hacer notar el grado que tienen y sus condiciones de oficial, que en el desarrollo de sus actividades profesionales; incluso, les molesta que se les llame profesor o profesora, caminan con la nariz levantada, no contestan el saludo de “los civiles”. Y nadie parece darse cuenta que la Educación es tan importante como la Salud, pues tiene a su cargo la formación y el mantenimiento, no sólo de conocimientos, sino de valores personales y profesionales.
Todo el énfasis está dado en los conocimientos, muchas veces de temas que nunca se van a usar en la vida profesional y no existe la misma preocupación por la formación moral y ética de los cadetes o alumnos, que es lo que va a guiar su vida de Oficial o Técnico.
Otro tema que me preocupa es el de la Lealtad. Por lo general, existe la idea de que “Lealtad” y “Compañerismo” son sinónimos y que pase lo que pase, se debe cuidar y proteger al compañero sólo por eso, por ser mi compañero, al margen de su conducta o de que haya cometido una falta e, incluso, un delito.

A mí me enseñaron que la Lealtad es, en primer lugar, con la Patria a través de la Institución y que no debo permitir que ingresen o permanezcan en ella elementos negativos: flojos, rateros, mentirosos o que piensen en sus intereses personales por encima de los de la Institución. Apoyar la mala conducta de un compañero no es compañerismo, es complicidad y esto es más grave cuando las malas acciones  afectan a otras personas y, peor aún, cuando las personas afectadas están en proceso de formación, pues se pone en peligro el futuro.  

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