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miércoles, 4 de octubre de 2017

El hermano de Julio

Ese fin de semana se desarrollaba un curso, en el Centro de Adiestramiento Scout, en la carretera Central, antes de Chosica. Las actividades del domingo se desarrollaban con normalidad. Poco después del almuerzo, una pareja ingresó a la carrera y la señora, desesperada, nos dijo que su hijito de diez años de edad se había perdido por el río y no lo podían encontrar.
De inmediato nos organizamos para la búsqueda y salimos en distintas direcciones; yo me dirigí a la zona del río, avanzando hacia el Este; la vegetación era tupida y había que avanzar muy lentamente para poder revisar bien...lo más peligroso en esa zona era el resbalarse en las piedras y caerse al río...era muerte segura...
Le llamaba, avanzaba, trataba de oír cualquier ruido extraño...nada...seguí avanzando, llamando...de pronto, me pareció escuchar ruidos cerca del río, entre la vegetación...eran sollozos...le llamé y me contestó...¡Lo encontré!...le ayudé a salir de donde había quedado atrapado y regresamos al Centro. Allí estaban sus padres, los que, al verlo, dieron rienda suelta a su nerviosismo y a su amor de padres...
Me agradecieron mucho y, al presentarse y escuchar su apellido, Osambela, les comenté que, en el colegio, el Hipólito Unanue, había  tenido un compañero, Julio César Osambela...me dijeron que era su hijo, que estaba en México siguiendo un curso porque había ingresado a trabajar en Burroughs, una fábrica de computadoras...
Cientos de personas en la zona, como 30 en el curso y fui justo yo, compañero de su hermano, quien tuvo que encontrar al niño...un ejemplo más de que las coincidencias no existen... el Señor nos pone las oportunidades y depende de nosotros aceptarlas o ignorarlas. Supongo que Julio se alegró al enterarse que un compañero había encontrado a su hermanito...
Con el paso de los años, trabajé hasta en tres sitios que eran clientes y, en uno, que estaba a punto de ser cliente de Burroughs...pero yo siempre fui pro IBM e intervine para cambiar de marca y decidir por IBM...recuerdo que cada vez que Julio me encontraba en un sitio, me decía: - Demórate un poco en botarnos... 

El 2015 nos encontramos, al celebrar 50 años de haber terminado Secundaria...cómo pasa el tiempo...
Vuelo muy caluroso

La fila de pasajeros era larga. El DC-8 de Canadian Pacific estaba listo para recibirnos y llevarnos a Toronto, con escalas en Ciudad de México y Acapulco.  
Llegué a la puerta de embarque. A un lado estaba una señorita de la aerolínea, una señora joven y dos niños, un hombrecito de unos 7 años y una niña de cinco. La señorita me dijo si es que podía sentarme junto a los niños y acompañarlos hasta ciudad de México, donde su padre, diplomático peruano, subiría a la aeronave a recogerlos. Acepté con gusto, ya que se trataba sólo del “próximo paradero”...
Nos habían separado la última fila de asientos, para estar más cómodos y cerca del personal, por si los niños necesitaban algo. Era cerca ya de la medianoche del 1o. de septiembre de 1975...
Despegamos y, muy pronto, los niños estaban dormidos...se apagaron las luces de la cabina y, pendiente de los niños, me acomodé para descansar...
El vuelo se desarrollaba normalmente...una pequeña turbulencia me despertó, verifiqué que los niños descansaban normalmente...por la ventana se veían signos de tormenta...el calor era insoportable, traté de prender el aire de mi asiento, pero no funcionó...se escuchaban quejas de pasajeros...todo oscuro...
De pronto, se escuchó una pequeña explosión, de la pared del avión, a la altura de las alas, se abrió un boquete arriba de una ventana y una tromba de agua ingresó a la cabina...gritos de terror, se encendieron las luces...todos gritaban, el agua caía como una catarata...pensé que nos habíamos hundido en el mar y que pronto seríamos noticia de primera plana...los niños se despertaron y se pusieron a llorar, me dediqué a tranquilizarlos...
El personal auxiliar llevó unas frazadas a la zona del agujero y lo tapó...explicaron que se había producido un atoro en los conductos del aire acondicionado, que eso había ocasionado el aumento de la temperatura y la explosión y el agua era lo que el sistema retiraba de la cabina, nuestro sudor...que se iba a reparar el sistema en el aeropuerto de ciudad de México y, luego, continuaríamos el viaje...
Desde ese momento, hasta llegar a nuestro primer destino, fue un suplicio, pues la temperatura seguía subiendo, la gente estaba asustada, nadie durmió, nos dedicamos a tomar líquidos, lo que nos hacía sudar más y aumentar el calor...en fin, los que aún viven, tripulantes y pasajeros de ese vuelo, deben recordar muy bien ese episodio...
Luego del aterrizaje, subió el papá de los niños, me agradeció el haber cuidado de sus hijitos en una situación como la ocurrida...y se los llevó...han pasado 42 años...los niños pueden ser ya hasta abuelitos...nunca más tuve noticias de ellos...
Estuvimos como cuatro horas en el aeropuerto de Ciudad de México, pensamos que podríamos visitar algún sitio mientras reparaban la nave, pero nos dijeron que, por no tener visa, no podíamos salir de la sala en la que nos depositaron...

El resto del vuelo fue normal...y, por fin, pude llegar a Toronto, rumbo a la Universidad de Waterloo, cansado, pero contento de poder leer los periódicos, en lugar de estar impreso en ellos...
Sobre el alma y la vida

1o. de noviembre de 1991. Me paseaba, rezando, por el pasadizo de la clínica en la que estaba internada mi mamá...de pronto, mi hermanita Orietta salió del cuarto llorando y gritando: - ¡¡¡Mi mamá!!!...
Llegué al cuarto, entré y vi que habían tapado la cara de mi mami con la sábana; me acerqué, retiré la cubierta y vi su carita, sin tubos ni agujas, con una expresión serena, casi una sonrisa...le di un beso en la frente y sentí un fuerte golpe en el pecho, que me hizo retroceder más de dos metros, hasta caer sentado en un sillón que había en el rincón...en ese instante, sentí que mi mami estaba viva, me inundó una gran tranquilidad; ella me acompaña permanentemente y seguimos conversando como siempre...
Hace poco, vi en televisión un documental, que si no recuerdo mal, se titulaba “Eternal Champions Chapecoense” y que trataba del accidente que costó la vida a gran parte del equipo de futbol brasilero...en determinado momento, entrevistan a la esposa del futbolista Filipe Machado. Ante la pregunta de qué sintió cuando le informaron que su esposo no se había salvado...ella contestó: sentí un fuerte golpe (o dolor) en el pecho que me hizo caer al suelo...
Esa respuesta, describiendo exactamente lo que, en su momento, yo había sentido, me ha hecho pensar que es muy probable que, al momento de la muerte, el alma, que es pura energía, busque a una persona querida y siga viviendo dentro de ella...
En el caso de mi mami, me pregunté por qué no lo hizo con mi hermanita, que estaba con ella...lo que se me ocurre es que, en esa situación, el alma pasa por un momento de confusión, al cambiar de estado; la enfermera procedió a retirar las agujas y tubos de su cuerpo y mi hermana salió, le cubrieron el rostro...allí fue cuando yo entré, la destapé, la besé y ocurrió el traslado...
Hace mucho que me convencí que las coincidencias no existen, por lo que, lo que estoy tratando de hacer ahora, es buscar experiencias semejantes que ayuden a confirmar mi suposición.    


miércoles, 5 de abril de 2017

Rozando la Historia


Ayer visité a Miguel Uribe, “de casualidad” a la hora del desayuno. Mientras yo disfrutaba de un rico sánguche de jamón del país, Miguel me dijo que me iba a prestar una película, “Talentos ocultos”,  que me iba a gustar porque era una historia real que trataba del importante trabajo de Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, mujeres negras, en el proyecto Mercury de la NASA, el de los primeros hombres de los Estados Unidos en el espacio, en tiempos en que la segregación racial era oficial en todos los estados de ese país.

En ese momento recordé, y le comenté, que, en octubre de 1975, aprovechando un fin de semana, yo había viajado de Toronto a Chicago para conocer la ciudad y reunirme con Mary Román, que se encontraba en casa de su hermana, de vacaciones, con Joseph (Joe) Fischer, con el que habíamos trabajado en Lima y con Betty, una compañera de trabajo, también de vacaciones, que estaba alojada en su casa. 

A eso de las 7:00 de la noche, Mary y yo llegamos a la estación de Howard, del tren elevado; allí teníamos que tomar un tren, ir hasta el último paradero, hacer trasbordo a otro tren y llegar a Evanston, donde vivía Joe. Subimos a la estación y nos llamó la atención que se encontraba totalmente vacía; al voltear, vi a un grupo de muchachos negros, que estaban al fondo y que, al vernos, comenzaron a caminar hacia nosotros...cuando estaban a unos cinco metros, escuché, a mi espalda, un saludo, volteé y vi a un señor negro, de edad, vestido con terno que, con una gran sonrisa, me miraba y estiraba ambas manos para saludarme; respondí al saludo, el señor se me acercó y, en voz baja, me dijo que lo trate como a un amigo; así lo hice y el grupo de muchachos, nos miró y pasó de largo.

El señor nos dijo que habíamos estado a punto de ser asaltados, que nadie subía a la estación hasta que se veía llegar a un tren, que era muy peligroso; recordé que poco antes habíamos visto a un grupo de policías negros, jugando cartas en el suelo en una playa de estacionamiento...nos preguntó a dónde íbamos y nos dijo que iba a viajar con nosotros hasta el momento del trasbordo; me preguntó de dónde venía, le dije que de Ontario, Canada y me dijo que su hermana había sido la primera mujer negra en graduarse de ingeniera en la Universidad de Toronto...Miguel me interrumpió y me dijo: -Creo que esa es Mary Jackson, una de las de la película...¡¡¡no podía creerle!!!

Hoy vi la película y, si bien no era esa la Universidad en la que estudió Mary Jackson o alguna de las otras dos, igual sentí que había rozado la Historia con ese encuentro y comprendí la emoción del señor al decir ¡la primera mujer negra en graduarse en ingeniería!; claro que en Canada no había la discriminación racial que era normal en USA, pero ella había sido la primera negra y era estadounidense...

No quiero terminar estas líneas sin referir lo que pasó hoy en la mañana: desde que me desperté estuve pensando en la película y en escribir la historia de Chicago, pero, por más que me esforzaba, no me acordaba del nombre de mi amigo yanqui, el de Evanston...todos los nombres me venían a la mente, menos el de él...pensando y pensando llegué a la iglesia, a escuchar misa, como todos los días. Al iniciar la celebración, el sacerdote lee las intenciones: cumpleaños, promesas a un santo, etc. y, luego los nombres de los difuntos por quienes también se celebra esa misa...entre los nombres, el padre dijo Joseph...ya ni escuché el apellido porque de inmediato se prendió el foquito y FISCHER, JOSEPH FISCHER, JOE llenó mi mente...agradecí al Señor por la coincidencia que justo tocara un difunto con nombre gringo...la misa siguió normalmente y, luego de la elevación, llega el momento en que se pide al Señor que permita a quienes han sido sus amigos y han muerto, admirar la luz de su rostro; allí, el padre vuelve a leer los nombres que leyó al inicio; presté atención para escuchar el apellido de Joseph...y no apareció ninguno con ese nombre...sólo atiné a decirle: - Gracias, Señor, por demostrarme en pequeñas y grandes cosas, que estás presente siempre en mi vida...

Te recomiendo la película, te hará comprobar, como dijo el Director del Programa espacial, mientras rompía el letrero “Baño para negros”, que, en la NASA (y en todo el mundo) todos orinamos del mismo color...