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miércoles, 5 de abril de 2017

Rozando la Historia


Ayer visité a Miguel Uribe, “de casualidad” a la hora del desayuno. Mientras yo disfrutaba de un rico sánguche de jamón del país, Miguel me dijo que me iba a prestar una película, “Talentos ocultos”,  que me iba a gustar porque era una historia real que trataba del importante trabajo de Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, mujeres negras, en el proyecto Mercury de la NASA, el de los primeros hombres de los Estados Unidos en el espacio, en tiempos en que la segregación racial era oficial en todos los estados de ese país.

En ese momento recordé, y le comenté, que, en octubre de 1975, aprovechando un fin de semana, yo había viajado de Toronto a Chicago para conocer la ciudad y reunirme con Mary Román, que se encontraba en casa de su hermana, de vacaciones, con Joseph (Joe) Fischer, con el que habíamos trabajado en Lima y con Betty, una compañera de trabajo, también de vacaciones, que estaba alojada en su casa. 

A eso de las 7:00 de la noche, Mary y yo llegamos a la estación de Howard, del tren elevado; allí teníamos que tomar un tren, ir hasta el último paradero, hacer trasbordo a otro tren y llegar a Evanston, donde vivía Joe. Subimos a la estación y nos llamó la atención que se encontraba totalmente vacía; al voltear, vi a un grupo de muchachos negros, que estaban al fondo y que, al vernos, comenzaron a caminar hacia nosotros...cuando estaban a unos cinco metros, escuché, a mi espalda, un saludo, volteé y vi a un señor negro, de edad, vestido con terno que, con una gran sonrisa, me miraba y estiraba ambas manos para saludarme; respondí al saludo, el señor se me acercó y, en voz baja, me dijo que lo trate como a un amigo; así lo hice y el grupo de muchachos, nos miró y pasó de largo.

El señor nos dijo que habíamos estado a punto de ser asaltados, que nadie subía a la estación hasta que se veía llegar a un tren, que era muy peligroso; recordé que poco antes habíamos visto a un grupo de policías negros, jugando cartas en el suelo en una playa de estacionamiento...nos preguntó a dónde íbamos y nos dijo que iba a viajar con nosotros hasta el momento del trasbordo; me preguntó de dónde venía, le dije que de Ontario, Canada y me dijo que su hermana había sido la primera mujer negra en graduarse de ingeniera en la Universidad de Toronto...Miguel me interrumpió y me dijo: -Creo que esa es Mary Jackson, una de las de la película...¡¡¡no podía creerle!!!

Hoy vi la película y, si bien no era esa la Universidad en la que estudió Mary Jackson o alguna de las otras dos, igual sentí que había rozado la Historia con ese encuentro y comprendí la emoción del señor al decir ¡la primera mujer negra en graduarse en ingeniería!; claro que en Canada no había la discriminación racial que era normal en USA, pero ella había sido la primera negra y era estadounidense...

No quiero terminar estas líneas sin referir lo que pasó hoy en la mañana: desde que me desperté estuve pensando en la película y en escribir la historia de Chicago, pero, por más que me esforzaba, no me acordaba del nombre de mi amigo yanqui, el de Evanston...todos los nombres me venían a la mente, menos el de él...pensando y pensando llegué a la iglesia, a escuchar misa, como todos los días. Al iniciar la celebración, el sacerdote lee las intenciones: cumpleaños, promesas a un santo, etc. y, luego los nombres de los difuntos por quienes también se celebra esa misa...entre los nombres, el padre dijo Joseph...ya ni escuché el apellido porque de inmediato se prendió el foquito y FISCHER, JOSEPH FISCHER, JOE llenó mi mente...agradecí al Señor por la coincidencia que justo tocara un difunto con nombre gringo...la misa siguió normalmente y, luego de la elevación, llega el momento en que se pide al Señor que permita a quienes han sido sus amigos y han muerto, admirar la luz de su rostro; allí, el padre vuelve a leer los nombres que leyó al inicio; presté atención para escuchar el apellido de Joseph...y no apareció ninguno con ese nombre...sólo atiné a decirle: - Gracias, Señor, por demostrarme en pequeñas y grandes cosas, que estás presente siempre en mi vida...

Te recomiendo la película, te hará comprobar, como dijo el Director del Programa espacial, mientras rompía el letrero “Baño para negros”, que, en la NASA (y en todo el mundo) todos orinamos del mismo color...