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miércoles, 4 de octubre de 2017

Vuelo muy caluroso

La fila de pasajeros era larga. El DC-8 de Canadian Pacific estaba listo para recibirnos y llevarnos a Toronto, con escalas en Ciudad de México y Acapulco.  
Llegué a la puerta de embarque. A un lado estaba una señorita de la aerolínea, una señora joven y dos niños, un hombrecito de unos 7 años y una niña de cinco. La señorita me dijo si es que podía sentarme junto a los niños y acompañarlos hasta ciudad de México, donde su padre, diplomático peruano, subiría a la aeronave a recogerlos. Acepté con gusto, ya que se trataba sólo del “próximo paradero”...
Nos habían separado la última fila de asientos, para estar más cómodos y cerca del personal, por si los niños necesitaban algo. Era cerca ya de la medianoche del 1o. de septiembre de 1975...
Despegamos y, muy pronto, los niños estaban dormidos...se apagaron las luces de la cabina y, pendiente de los niños, me acomodé para descansar...
El vuelo se desarrollaba normalmente...una pequeña turbulencia me despertó, verifiqué que los niños descansaban normalmente...por la ventana se veían signos de tormenta...el calor era insoportable, traté de prender el aire de mi asiento, pero no funcionó...se escuchaban quejas de pasajeros...todo oscuro...
De pronto, se escuchó una pequeña explosión, de la pared del avión, a la altura de las alas, se abrió un boquete arriba de una ventana y una tromba de agua ingresó a la cabina...gritos de terror, se encendieron las luces...todos gritaban, el agua caía como una catarata...pensé que nos habíamos hundido en el mar y que pronto seríamos noticia de primera plana...los niños se despertaron y se pusieron a llorar, me dediqué a tranquilizarlos...
El personal auxiliar llevó unas frazadas a la zona del agujero y lo tapó...explicaron que se había producido un atoro en los conductos del aire acondicionado, que eso había ocasionado el aumento de la temperatura y la explosión y el agua era lo que el sistema retiraba de la cabina, nuestro sudor...que se iba a reparar el sistema en el aeropuerto de ciudad de México y, luego, continuaríamos el viaje...
Desde ese momento, hasta llegar a nuestro primer destino, fue un suplicio, pues la temperatura seguía subiendo, la gente estaba asustada, nadie durmió, nos dedicamos a tomar líquidos, lo que nos hacía sudar más y aumentar el calor...en fin, los que aún viven, tripulantes y pasajeros de ese vuelo, deben recordar muy bien ese episodio...
Luego del aterrizaje, subió el papá de los niños, me agradeció el haber cuidado de sus hijitos en una situación como la ocurrida...y se los llevó...han pasado 42 años...los niños pueden ser ya hasta abuelitos...nunca más tuve noticias de ellos...
Estuvimos como cuatro horas en el aeropuerto de Ciudad de México, pensamos que podríamos visitar algún sitio mientras reparaban la nave, pero nos dijeron que, por no tener visa, no podíamos salir de la sala en la que nos depositaron...

El resto del vuelo fue normal...y, por fin, pude llegar a Toronto, rumbo a la Universidad de Waterloo, cansado, pero contento de poder leer los periódicos, en lugar de estar impreso en ellos...

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