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lunes, 12 de noviembre de 2018

Carolina Romero




Ayer me comentaron el caso de una niñita que, estando cerca de los dos años, aun no habla; me trajo, de inmediato,
Un recuerdo...
La niñita que me acompaña es Carolina, hija de Isidro Romero. La foto se tomó en el departamento en el que vivía Isidro, su esposa, sus tres hijitos y su suegra, en uno de los edificios para estudiantes casados de la Universidad de Waterloo, en Ontario, Canada.
Carolina tenía como año y medio de edad y sus padres estaban muy preocupados porque no hablaba...la habían hecho ver por especialistas y, aparentemente todo estaba normal en su organismo...
Isidro es mexicano, lo mismo que su esposa y su suegra...
Un día sábado, yo estaba en casa de Isidro y, como en ese tiempo (1975) no había celulares, había dado el número de Isidro a mi familia de Lima para que me llamaran allí, en casos de emergencia, pues, la casa de Isidro era como el club de latinoamericanos, que no éramos muchos, en la Universidad y, normalmente, los fines de semana nos reuníamos allí... en realidad, todos los días...
De pronto, me avisaron que tenía una llamada de Lima; para evitar la bulla de la reunión fui a contestar a la cocina; Carolina me siguió, pues éramos muy amigos... luego de unos minutos, la nena se aburrió y me jaló del pantalón...claramente escuché que me dijo: - Open the door... ¡Era la primera vez que hablaba!...dejé el teléfono, salí corriendo con ella y grité: - ¡Carolina habla en Inglés!...le comenzaron a hablar en Inglés y ella entendía y contestaba...
¿Qué había pasado? Que sus padres y la abuelita le hablaban en español, sus hermanitos jugaban con vecinos de todo el mundo hablando en Inglés y la bebe escuchaba; veían televisión, en Inglés...entonces, a ella se le había hecho un entrevero el escuchar que a un objeto, por ejemplo, sus hermanitos le llamaban de una forma y su abuelita y mamá, de otra...
Finalmente, nosotros, los “tíos” que éramos de diferentes países, hablábamos diferente español, incluso, muchas veces preferíamos hablar en inglés para entendernos... esto, que puede parecer una ridiculez, es fácilmente demostrable...
Un día me invitaron a jugar fulbito y comenté que me gustaría, pero tenía que comprarme zapatillas... los mexicanos me miraron con una cara de sorpresa, se comenzaron a reír y a molestarme: -¡Ay, necesito mis zapatillas...!, con voz y gestos amanerados... yo no entendía y, viendo que uno de ellos estaba usando zapatillas, las señale y dije: - esto, necesito esto... ¡Ah, tenis! eso se llama tenis... ¿y qué es zapatilla, entonces?... una de las chicas me mostró su zapato de taco alto y me dijo: -Esto es una zapatilla... así como este, hay muchísimos más ejemplos de las diferencias en el castellano... en el grupo habíamos mexicanos, chilenos, argentinos, una chica venezolana, su esposo español, un colombiano y yo... espero no haberme olvidado de nadie...
Lamento mucho haber perdido contacto, no sólo con Isidro, sino con tantos excelentes amigos... ojalá esto sea leído por alguien en México que conozca a Isidro; él es doctor en Física... Carolina ya debe ser mamá... y, de repente, hasta abuelita a los 45 años que, más o menos, debe tener...

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